Permítanme comenzar con el siguiente fragmento:

Y luego ese que podríamos llamar fenómeno de polarización. Se pierde el sentido dialéctico. O marxistas o fajistas. Y lo fatídico es que ni unos ni otros tienen idea ni del marxismo ni del fajismo. Porque… voy a remachar… toda esta demencia polarizada se apoya en la más cruda ignorancia. Y de tal modo se ponen las cosas, que los que queremos mantener el sentido histórico, que es sentido dialéctico, sentido liberal, prevemos con tristeza que lleguen tiempos en que predominando uno u otro polo —pues da lo mismo el uno que el otro— de esta polarización tengamos que emigrar de nuestra España. Al que esto os dice, que ya otra vez tuvo que emigrar de su patria, le estruja el cogollo del corazón el pensar que tenga que volver a hacerlo y… después de haber pasado de sus setenta años! ¿Que no habrá por qué tener que emigrar, domine uno u otro polo? Tampoco entonces creyeron muchos —los más— que había que emigrar. Porque no es que me echaron, sino hice yo que me echaran. Y ello por no querer callarme, por no plegarme a la censura, por mantener la libertad de la verdad, la libertad de expresión del propio pensamiento. Y preveo que, venzan los unos o los otros, no se podrá hablar y escribir con verdadera libertad. Se perseguirá unos u otros gritos, unos a otros emblemas, hasta unos u otros ademanes. Aun los inocentes. Pueden llegar tiempos en que los dementes de un polo o los dementes del otro saquen afuera la honda pasión que les mueve y no es otra que el odio a la inteligencia. Odio que le llaman disciplina. Los que presumen de hombres de acción —o de reacción, que es igual—no suelen ser sino dementes resentidos. Dementes resentidos que sienten la necesidad de delegar su pensamiento, de renunciar al libre examen individual —principio del liberalismo—, de someterse. A eso le llaman disciplina. Y en el fondo es el origen del sentimiento inquisitorial en esta tierra que creemos individualista. Cuando no hay nada más rebañego, más gregario, que su anarquismo. Este tan cacareado individualismo celtibérico, donde lo que más se acusa es el odio a la individualidad. Comunismo libertario o fajismo, lo mismo da. Con uno o con otro, el que quiera mostrar a luz y a aire libre su pensamiento y su sentimiento íntimo tendrá que emigrar. Porque decir su verdad será ofender a los que manden, sean unos u otros.” (D. Miguel de Unamuno, 3 de octubre de 1934 periódico “Ahora”).

¿Les suena de algo? D. Miguel de Unamuno fue todo un «visionario». Dos años después estalló la guerra civil (incivil) entre ambos bandos. El que no conoce la historia está condenado a repetirla.

¿No tienen ustedes la sensación de que desde hace mucho, y más durante estos días, nos vemos asaltados por la superioridad moral de quienes vienen a dictarnos lo que está bien y lo que está mal? Esos que vienen a decirnos cómo debemos pensar, lo que debemos saber, lo qué ignoramos, las manifestaciones a las que debemos ir, a las que no…y, como no podía ser de otra manera, tratando de imponer sus ideales.

Me resulta tan fascinante como repulsivo esa vehemencia, esos eufemismos.

Unos usan el 8M y el beso de Rubiales para hacer política y otros utilizan otras cuestiones. Y eso es lo que nos intentan hacer creer los de un lado o los del otro. Como si fuéramos imbéciles que no saben pensar. Y créanme que muchas veces me planteo si no es así. ¿Seremos imbéciles realmente? ¿Será verdad que nos creemos con verdades absolutas? ¿Es posible que haya gente que crea que todo lo que dice el líder de su ideología política es correcto? ¿Nunca se equivoca? ¿Nunca nos equivocamos? Las tragedias de esta país siempre se politizan (polarizan) porque ni a un lado ni al otro les importa lo realmente importante.

Ellos, “los hunos y los hotros”, como diría el gran don Miguel de Unamuno, son los que te llamarán “facha” si acudes el 2 de septiembre por todo lo que está ocurriendo en Ceuta, y “rojo” si no lo haces.

Haga usted lo que considere. Es libre (de momento) para ello y no haga caso ni de “los hunos ni de los hotros” porque la ciudadanía española no se reduce a «fachas y rojos» aunque muchos así lo crean y se lo quieran hacer creer a usted. Haga caso de su sentido común. Ni usted es un «facha» por acudir el 2 de septiembre ni es un «rojo» por no hacerlo. Usted es una persona con capacidad de decisión para hacer lo que usted considere.

El pensamiento debe estar “vivo”; no lo condenen ustedes a la rigidez ni lo anclen a unos ideales inflexibles. Aprendan a eliminar los sesgos de convicción.

Lean, lean mucho. No permitan que nadie les imponga su moral, no se dejen amedrentar por esos que se creen abanderados de lo bueno y de lo legítimo sin discusión alguna. Indaguen, no se queden con el titular. Las redes sociales nos han hecho más vulnerables a la manipulación.

Recuerden “toda esta demencia polarizada se apoya en la más cruda ignorancia” por eso les insisto, lean, lean mucho, sean libres porque “La libertad no es un estado sino un proceso; sólo el que sabe es libre, y más libre el que más sabe. Sólo la cultura da libertad. No proclaméis la libertad de volar, sino dad alas; no la de pensar, sino dad pensamientos. La libertad que hay que dar al pueblo es la cultura. Sólo la imposición de la cultura lo hará dueño de sí mismo, que es en lo que la democracia estriba. (D. Miguel de Unamuno)”.

P.D. Para los curiosos, que seguro que los hay, el Sr. Unamuno utilizaba el término “fajismo” porque el término “fascista” está mal pronunciado por ese alto porcentaje de la población que lo usa. Analfabetismo y mediocridad en la superioridad moral. La cruda ignorancia.

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